Espiritualidad Dominicana

“CONTEMPLAD Y DAD DE LO CONTEMPLADO”

Hablar de la espiritualidad dominicana, es hablar, de nuestro modo de relacionamos con Dios y de nuestra forma de vida religiosa. Es tocar las fibras más profundas de nuestro ser donde nos dejamos transformar por el espíritu, generando en nosotras una sed profunda de Dios que nos hace buscarle y una misericordia infinita que nos lleva a sentir el dolor del otro, a agudizar nuestros oídos para  escuchar los gritos de nuestro pueblo que sufre y necesita que caminemos con ellos anunciándoles la esperanza de la vida en abundancia que Jesús vino a traernos. Nuestra vida espiritual le da  sentido  a nuestra consagración y al deseo de entregarnos en el ejercicio de la caridad.  Dentro de la espiritualidad Dominica encontramos cinco pilares que compartimos y nos unen como familia: la contemplación, vida común, el estudio, la predicación y la búsqueda de la verdad.

ESTUDIO:

Los dominicos consideramos que el estudio es una gran fuente de inspiración divina. Para nosotros, estudiar es un ejercicio espiritual, es decir, un modo de acercarnos a Dios. Por ello santo Tomás de Aquino no nos anima simplemente a dar a conocer lo que hemos estudiado, sino a comunicar aquello que hemos contemplado. Los dominicos no nos limitamos a recitar públicamente lo que antes hemos memorizado. Hemos de predicar lo que hemos reflexionado, orado y profundizado.

Consideramos que la Verdad sale a nuestro encuentro y pone su morada entre nosotros. La Verdad existe y es Cristo conocido y reconocido en la experiencia eclesial. Una experiencia que tiene sus limitaciones, pero también sus mediaciones. El Magisterio actualiza la Verdad que continúa dialogando con su pueblo.

Cuando uno busca humildemente la Verdad con un corazón limpio y puro, la encuentra, y la disfruta interiormente, y la profundiza, y la hace suya. Y así el estudio nos guía por el camino de la conversión. Y con un corazón lleno de la Verdad que se ha estudiado e interiorizado, es posible caminar hacia Dios sin peligro a confundirnos de senda. Y ello lo hacemos movidos por el amor, que es la dimensión humana que, sin lugar a dudas, más nos acerca a Él. Pero el amor sin la guía de una inteligencia bien formada puede fácilmente desviarse y alejarse de su destino. Por ello el estudio nos ayuda a guiar nuestro corazón hacia una profunda experiencia de Dios.

Para ampliar más la cercanía y el conocimiento de la orden dominicana, puede dar clic en el siguiente enlace.

 

http://www.opcolombia.org/2015/