Mere Saint Pierre

Compartimos el interés de la Congregación por conocer y divulgar la vida y la personalidad de esta mujer admirable, la Reverenda Madre San Pedro.

Nombre de bautismo: Francisca Apolonia Merlin Accault.

Origen: Nace en Villeneuve, el 19 de abril de 1803

Padres: Ana Accault y Pedro Tiburcio Merlin, quien muere a los 44 años de edad y la madre muere cuando Paulina sólo tiene 10 años.

Hermanos: son 6, tres mueren al nacer y sólo quedan Ana, Paulina y Margarita.

Ingresa a la Congregación a la edad de 15 años; el 21 de agosto de 1821 hace su profesión.

Infancia y Juventud

El 9 de Abril de 1803, nacía en la población de Villeneuve, en el modesto hogar de Pierre Merlin y Ana Accaut, una niña, Francoise Apolline, quien perdería a sus padres antes de los 10 años. Su padrino, el Abate Pierret la acogió en su casa cural donde vivió su adolescencia, mimada por el Sacerdote y agobiada por la severidad de la Señorita Desliens, el ama de llaves.

La niña recibió una excelente educación, en un medio erudito, cerca del Sacerdote sensible y bueno; en cuyas veladas nocturnas participaban los grandes intelectuales de la época. Allí su inteligencia se desarrollaba al mismo tiempo que afloraban en ella las aspiraciones a una vida fuera de lo común: Quería ser escritora, misionera. Así lo escribió en las páginas de su libro de gramática y en una de las columnas de la Iglesia parroquial.

Villaneuve había visto establecerse dos Hermanas de la Caridad de Sainville, en la escuela y 20 años después las había visto salir expulsadas por la revolución. En 1812 la Presentación había vuelto; esta vez al Hospital. La niña frecuentaba la casa de las Hermanas, pues su Hermana mayor había ingresado al Noviciado de Tours. El corazón de Francoise Apolline estaba lleno de compasión ante las miserias y sufrimientos que encontraba en su camino.

Su vocación

Un día, ella decidió responder a la llamada del Señor y le contó su resolución al padrino, a quien le pareció muy mal y le negó el permiso. La niña, con la autorización de su tutor, partió para la Casa Madre donde recibió el hábito el 22 de Julio de 1817, bajo el generalato de la Madre Adelaida. Ese día Francoise Apolline se había convertido en la Hermana San Pedro. Durante su postulantado, sobresalió por su inteligencia y sentido apostólico pero también por su correspondencia al espíritu de su familia religiosa.

Le encantaba interrogar a las Hermanas Mayores sobre los orígenes, las tradiciones y el pasado del Instituto. Más tarde, ella lo transmitiría, y anota su biógrafo, que las repetía tan frecuentemente, que no había cambiado ninguna palabra a lo que ella había oído. Ella comenzó su vida misionera en el Hospital de Amboise, y después de ser admitida al cuerpo de la Comunidad el 13 de Agosto de 1821 fue enviada a San Benoit sur Loire, donde tuvo una corta permanencia para volver a Amboise, donde a la vez que se formaba en la ciencia farmacéutica, dotó al Hospital de una farmacia.

Algunos apartes

A la edad de 40 años es nombrada superiora general. El 6 octubre de 1855 es reelegida. En 1858 es acusada, juzgada y despojada de su cargo por intrigas. Ejerce el gobierno general por 15 años y en este tiempo entraron más de mil novicias a la Congregación.

Mère Saint Pierre, novena Superiora General, mujer dinámica y hermana de la caridad ejemplar, se distinguió en su generalato por ser persuasiva en sus conversaciones y en sus consejos particulares. Atrayente en sus conferencias, predicando más con el ejemplo que con sus palabras.

Los enfermos la recordaron por ser una hermana abierta, sencilla, ecuánime, abnegada, madura; amable y jovial. “Capaz de iniciativas, pero prudente para realizarlas”. Así lo expresó la comisión de administración del Hospicio. Dio a la comunidad, nuevo vigor, un nuevo impulso misionero. Llegó a hacer florecer en la casa Madre, el ambiente de los orígenes. Dio vitalidad a la pertenencia Dominicana. En su Generalato se compró la propiedad de la Grande Bretéche.

Consagró a la Virgen la construcción de la casa Madre, el 25 de Marzo de 1848, bajo la advocación de su Presentación en el Templo. Restableció los lazos espirituales y amistosos entre los Dominicos y la Congregación. “Seamos hijas de Santo Domingo, con el título de Hermanas de la Caridad”.

Que no se olvide esta bella gloria.